Hoy, 18 de abril de 2026, la Real Sociedad vuelve a mirar a la historia a los ojos. De tú a tú. Sin miedo. Como mira un tigre a su presa justo antes de devorarla. Octava final de Copa del Rey. Cuarto título en juego. Noventa minutos. Solo 90 separan al equipo de la gloria… y a todo un pueblo de volver a sentirse campeón.
Pero esto no va solo de fútbol. Va de raíces. Va de memoria. Va de orgullo. Va de identidad. Va de Gipuzkoa entera latiendo al mismo ritmo.
Es un viaje que no empieza hoy. Ni ayer. Empieza en 1909, cuando aquel Club Ciclista levantó la primera Copa ante el Español de Madrid. Sigue en Zaragoza, en 1987, cuando la Real tumbó al Atlético de Madrid. Y se clava en el alma en 2020, cuando se ganó… pero no se pudo celebrar como merecía.
Se celebró en silencio. Y hay silencios que todavía duelen. Por eso esta final no es una más. Es una cuenta pendiente con la historia. Esta vez será diferente. Esta vez habrá gente. Habrá voz. Habrá ruido. Habrá abrazos. Habrá vida… Y habrá memoria.
Porque sobre el césped estarán Mikel Oyarzabal, Álex Remiro, Aihen Muñoz, Igor Zubeldia, Aritz Elustondo y Ander Barrenetxea. Los que ya saben lo que es ganar. Los que ya tocaron el cielo. Los supervivientes de aquella Real campeona de 2021. Los que se miraron en el espejo de la de 1987. Y los que ahora deben marcar el camino otra vez, como otros lo marcaron antes.
Pero aquí no solo hay en juego un título. Tambien entra en juego:
- el HONOR. El de volver a lo más alto, donde la Real merece estar.
- la ILUSIÓN. La de una afición que nunca dejó de creer. Ni siquiera cuando en octubre el equipo se asomaba al abismo: perdido, colista, sin rumbo…
- la JUSTICIA. La que el fútbol le debe a la Real campeona de 2021. La de cambiar la Cartuja muda… por un rugido que se escuche hasta en Donosti.
Entrada de la final de Copa del Rey 2021 entre la Real Sociedad y el Athletic Club | Archivo cedido por el entrevistado
- y sobre todo, el RECUERDO. El de 117 años de historia comprimidos en 90 minutos. Lágrimas en Sevilla en 1980. Golpes en Vigo en 2003. Alegrías en Puertollano, Gijón y Zaragoza. Cada gota de sudor sobre el terreno de juego. Cada garganta rota en la grada. Cada kilómetro recorrido sin voz… pero nunca sin corazón.
Porque la Real no es solo un equipo. La Real es su gente. La que estuvo. La que está. Y la que ya no puede estar. Y entre todos ellos, hay un nombre que nunca se borra:
AITOR ZABALETA.
Un aficionado más. Un txuri-urdín que viajó con ilusión en 1998 para ver el partido de la copa de la UEFA contra el Atlético de Madrid… y cuya vida fue arrebatada en las inmediaciones del Vicente Calderón.
Desde entonces su nombre forma parte de la memoria del club y de su gente. Pero para entenderlo de verdad, hay que escuchar su historia. Escucharlo en la voz de quienes estuvieron allí. De quienes vivieron la tragedia en primera persona.
Habla un aficionado de los de antes. De Atocha, de cuadrilla, de muchos viajes en carretera. De los que tenían la Real Sociedad como una forma de vida.
“Éramos una pequeña gran familia”
Háblame sobre tus inicios, ¿cómo empezó tu vínculo con la Real?
Mi vínculo empieza el 25 de agosto de 1984, en el 75 aniversario de la Real. Yo era un crío. Fue mi primer partido en Atocha, contra el Boca Juniors. Empatamos…y fue el inicio de algo. Aquello fue un pequeño enganche.
¿Qué recuerdas de aquellos primeros años como aficionado la Real?
En aquella época yo era un crío. Tendría 6-7 años. Pero lo tengo todo grabado. Recuerdo la final de Copa de Zaragoza, la de Madrid… momentos muy bonitos. Poco a poco empezamos a formar una cuadrilla. Y ahí empezó todo.
Póster del Diario Vasco con la Real Sociedad celebrando el título de Copa del Rey de 1987 en Zaragoza | Archivo cedido por el entrevistado
¿Cómo era viajar con la real en aquella época?
Al final éramos una pequeña gran familia. Viajabamos unas 500 o 600 personas, pero nos conocíamos prácticamente todos. Cada peña organizaba su viaje, coincidías siempre con la misma gente… y acababas haciendo amistades. Eso era lo bonito del viaje.
“Aitor era un aficionado más, uno de los nuestros.”
Mucha gente conoce lo que le ocurrió a Aitor, pero no cómo era él como aficionado.
Todos conocíamos a Aitor, porque coincidíamos en bastantes viajes. Él viajaba con las peñas Izar e Imaz, de Andoain. Y nosotros, los del pueblo, íbamos con la peña de Alza o Bidea. Pero al final nos juntábamos todos. Aitor era un aficionado más, uno de los nuestros.
“Fue una encerrona. Una mancha que no se borra nunca.”
¿Cómo viviste aquel día en que Aitor fue asesinado?
Fue un día traumático, porque fue una encerrona en toda regla.
Estuvimos comiendo en un centro comercial de Alcobendas. Llegamos muy pronto, todo normal. Luego salimos todos los autobuses y empezaron los problemas. 2 autobuses se pasaron la salida y les empezaron a apedrear. Nos juntamos 3 autobuses y un agente municipal nos indicó un bar donde podíamos tomar algo, pero cuando llegamos allí… todo se descontroló por completo. Fue una encerrona.
Salimos todos corriendo. Cada uno en una dirección. La policía tampoco se portó bien. Nos tuvieron unas 3 horas encerrados en un garaje sin saber nada. No había móviles, no había forma de comunicarnos. En la prórroga supimos que habían acuchillado a Aitor, y que estaba grave, pero que se iba a salvar. Y ya de madrugada, volviendo a donosti, nos cruzamos con sus padres, que iban en coche hacia Madrid. Fue su padre quien nos dio la noticia: Aitor había fallecido. Es una mancha que no se borra nunca.
Entrada del partido Atlético de Madrid vs Real Sociedad del 8 de diciembre de 1998 | Archivo cedido por el entrevistado
“Se ha perdido la esencia de los viajes y el fútbol”
¿Crees que se ha aprendido algo de todo lo ocurrido? ¿Qué diferencia ves entre los viajes de antes y los de ahora?
Ha cambiado muchísimo. Antes cada peña organizaba su viaje y era una gozada: casi siempre viajabas con los mismos, te juntabas con los de la provincia, con diferentes peñas… se generaban amistades solo por moverte. No solía haber problemas. Salvo casos puntuales, claro, como en Gijón o Zaragoza. El qué iba a buscar problemas, los encontraba, pero no era lo normal. Se podía viajar tranquilamente.
Eso se ha perdido. Ahora todo está más controlado, más organizado. Todos los viajes son a través de agencias, listas de nombres de quienes van… Y, aún así, vayas a donde vayas tienes que ir con mil ojos, porque siempre hay grupos que buscan conflicto. Se ha perdido la esencia de los viajes y el fútbol. Y me da mucha pena.
Aficionados de la Real Sociedad durante desplazamientos a partidos en ciudades como Turín, Lyon o Valladolid. | Archivos cedidos por el entrevistado
¿Y cómo ha cambiado la forma de vivir el fútbol en el estadio?
Yo soy socio de la Real desde el año 1992 y llevo sin ir al campo 3 años. Lo que estamos viviendo ahora no me atrae.
Cuando empecé a ir a Atocha éramos críos y era especial, era muy bonito ver el fútbol allí. Incluso en Anoeta con las pistas de atletismo, nos conocíamos todos. Había cercanía, una camaradería. No te vigilaban tanto, no te controlaban tanto.
Ahora, al entrar en Anoeta, siento que estoy entrando en una cárcel o en un gran hermano. Multas por cualquier acción, por cualquier cántico. Antes decías “cabrón” y no pasaba nada. Ahora están 17 policías esperándote en la puerta. Se ha perdido la esencia del fútbol. Y yo he perdido parte de la ilusión.
Entrada de la despedida del estadio de Atocha antes de su demolición. | Archivo cedido por el entrevistado
Lo de ahora no es fútbol, es una empresa”
¿Qué me dices de los desplazamientos y del precio de las entradas?
Es otra parte del problema del fútbol moderno. Me fastidia que mucha gente joven no vaya a poder vivir la final de copa por el tema de las entradas. En nuestra época sí podíamos vivirlo.
Ahora hay que ir a jugar finales a Sevilla, cuando lo lógico sería hacerlo ubicaciones a medio de camino. Como hacen en Inglaterra, que juegan en Wembley. O como se hacía antiguamente, cuando jugamos contra el Atlético de Madrid en Zaragoza.
Además, tienes que pagar mínimo 80€ por una entrada para la final de copa, si tienes suerte de conseguir las más baratas (el 55% de las entradas cuestan 150€ o más). Antes siempre había entradas y podías incluso ver un partido de Champions League por 20€. Lo de ahora no es fútbol, es una empresa.
Entrada del partido de Champions League entre Lyon y Real Sociedad en 2003 con un precio de 26 euros. | Archivo cedido por el entrevistado
“Hay que traer la copa. Por todos… pero también por Aitor.”
Volviendo a la final, la Real se enfrenta de nuevo al Atlético de Madrid. ¿Qué sentimientos te despierta?
Se me vienen muchos recuerdos a la cabeza. La final de Zaragoza… Yo era muy pequeño, pero lo tengo muy presente. Peio Uralde acababa de fichar por el Atlético de Madrid. También me acuerdo del día de aitor… Y espero que esta vez no pase nada…
¿Cómo ves el partido?
Es un rival difícil, sin duda. Pero son 90 minutos. Creo que se les puede ganar. Y, personalmente, es el rival al que más ganas le tengo, por encima del Barsa o del Real Madrid. Hay que traer la copa a Donosti. Por todos… pero también por Aitor.
Su historia es la de muchos. Y sus palabras explican por qué esta final no es una más.
Porque esta noche, cuando el balón empiece a rodar frente al Atlético de Madrid, la Real Sociedad no jugará solo por una Copa.
Jugará por Atocha. Por Anoeta. Por Gipuzkoa.
Por cada niño que entró por primera vez en el estadio sin saber que ese día empezaba algo para siempre.
Por cada autobús de madrugada. Por cada bufanda al viento. Por cada garganta rota que nunca dejó de animar.
Por los que estuvieron. Por los que están. Y por los que ya no están.
Porque hay finales que se juegan. Y hay finales que se sienten.
Y esta… esta hay que ganarla. Por todos, y, sobre todo, por AITOR.
